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en la Ruta Nacional 40

 

 

 
 
       
               
 
 
     
 

CATAMARCA - Vialidad INKA - (Resumen)
(catamarcaguia.com.ar)
Por: Rodolfo Raffino En orden alfabético: Ricardo Alvis, Aylen Capparelli, Rubén D. Iturriza Alberto Manzo y María M. Toddere

Los más recientes aportes relacionados con el estudio de la vialidad Inka en Catamarca surgen de las misiones patrocinadas por la National Geographic Society. Estas comenzaron promediando la década de los 80 en el altiplano central y meridional de Bolivia; en el extremo boreal del NOA (altiplano de Jujuy, Humahuaca, Santa Victoria Oeste, Iruya y Vallegrande) y en el Valle de Copiapó en Chile. Fueron planeadas para investigar las trazas de la infraestructura caminera Inka y condujeron a una serie de hallazgos que permiten recomponer, a manera de un gigantesco rompecabezas, decenas de segmentos del Capacñam.
Este aporte está puntualmente referido al trazado de la red vial en el actual territorio catamarqueño, incluyendo los tramos transversales de la alta Cordillera que conectan con los sectores chilenos como el Valle de Copiapó, Salar de Maricunga y Finca Chañaral. También consideraremos las continuidades longitudinales de los caminos Inkas que trascienden el actual territorio catamarqueño hacia el N y S; conectando el NO de Tucumán y O de La Rioja respectivamente.

Esto significa un área situada entre los paralelos 26° y 29° al S del Ecuador y los meridianos 66° al 71° O de Greenwich. Con un paisaje enmarcado por los valles y quebradas de Yokavil, Hualfín, Fiambalá y La Troya; el Campo del Arenal, el Bolsón de Pipanaco; y las Sierras de Aconquija, Narváez, zapata, Famatina, Copacabana, Buenaventura, Quilmes, El Shincal, Antofalla y la propia Cordillera de Los Andes. En esta última realizamos reconocimientos arqueológicos en las altas cumbres de los pasos de San Francisco y Barrancas Blancas/Comecaballos.
El Capacñam principal posee un trazado longitudinal NNE a SSO; penetra en territorio catamarqueño en Fuerte Quemado, donde han sido detectados importantes ruinas Inkas. Se trata nada menos que del eje principal que bien puede ser identificado como el “camino de la Sierra”. Siguiendo al cronista Antonio de Herrera (1736) esta ruta proviene directamente de Cuzco y tiene como puntos históricos más relevantes a Puno, Sillustani y Chucuito al poniente del Lago Poopó pasando por el establecimiento Oma Porco de Aullagas, la oriental del Salar de Uyuni, Tupiza y Talina. Penetra en actual territorio argentino en el Tambo Real de Calahoyo, cruzando por el levante de la laguna de Pozuelos; el poniente de Salinas Grandes de Jujuy, la sección N de la Quebrada del Toro y los valles Calchaquí y Yokavil. La última instalación indígena con componentes culturales Inkas por donde transcurre al penetrar en Catamarca, es el legendario poblado de los indios Quilmes en actual territorio tucumano.
 

Desde Quilmes hasta Punta de Balasto el camino transcurre por la margen izquierda del río Yokavil, pasando por los sitios de Quilmes, Fuerte Quemado, Lamparcito y Punta de Balasto. A partir de este último -descubierto por Carlos Bruch a principios de siglo- y el establecimiento Inka de Hualfín, situado en la cabecera N del valle homónimo, los reconocimientos en el terreno son difusos. Suponemos que Punta de Balasto fue una especie de nudo caminero, un lugar de unión o “Tinkuy”, en Quechua, a partir del cual se produjeron desprendimientos de varios ramales. Uno de ellos se dirige al SE, ascendiendo a los Nevados del Aconquija por los tampus de Huehuel y Campo Colorado a 3700 y 4700 m de altura respectivamente. Otro camino se desprende hacia el occidente, en dirección al valle de Hualfín, pasando por el campo del Arenal o de Los Pozuelos. Otro puede conectar los establecimientos Inkas Ingenio del Arenal Médanos con Chaquiago de Andalgalá, pasando por las sierras de Capillitas. Es probable también que desde ese último sitio se desprenda un ramal en dirección al Pucará de Aconquija.

Esto significa que la sección territorial ubicada entre Punta de Balasto en el extremo meridional de Yokavil, el Bolsón de Pipanaco y la cabecera N del Valle de Hualfín es terreno propicio para futuras exploraciones en busca de estas ruinas Inkas que, por ahora, están apenas hilvanadas.
El Capacñam recobra su imagen en el terreno a partir de los Nacimientos y Hualfín. Retomando su rumbo SSO conecta los establecimientos imperiales de Hualfín, Quillay, El Shincal (1240 m), Tambillos de Zapata (1478 m) y Watungasta (1440 m). Desde allí comienza la lenta ascensión a la Cordillera de los Andes en dirección a Copiapó.

Tanto el Shincal como la red de caminos Inka estaban en pleno funcionamiento en el verano de 1536, fecha del ingreso de la expedición de Almagro al NO argentino. Por ello hemos propuesto fijar esa fecha como momento culminante del Periodo u horizonte Inka en el NO argentino (R. Raffino; et. al, 1994). No es casual que una de las primeras fundaciones españolas en suelo argentino se haya hecho justamente en El Shincal de Quimivil. Londres de la Nueva Inglaterra fue fundada por Pérez de Zurita en 1558 usufructuando la existencia de esas ruinas abandonadas por los Inka unos 25 años antes. Tradiciones históricas y monumentos arqueológicos prehispánicos entrelazan a El Shincal de Quimivil y Londres para componer un importante capítulo de la historia regional de Catamarca.

La red caminera que articula a El Shincal consiste en segmentos de altísima calidad que han sido recientemente hallados en la Cuesta del Shincal, a escasos kilómetros al N del sitio. Se trata de dos caminos construidos a ambas márgenes del río Hondo. El camino principal se eleva unos 30 metros por encima del fondo del valle, caracoleando en cornisa por la cuesta de El Shincal, al N del río. Está finamente construido ascendiendo la cuesta, protegida por la cornisa con pesados bloques de piedra, aunque lamentablemente una parte de su trazado ha sido remodelado en tiempos históricos por pirquineros.
Sobre el lado opuesto de la cuesta aparece otro ramal del Capacñam que debió usarse durante las épocas de creciente del río Hondo, el cual, como sucede en la actualidad, debió cortar el Capacñam principal durante los meses de verano.
 

Ambos caminos conducen y confluyen cerca de la aukaipata de El Shincal. La cruzan por su borde N y, luego de transitar a un lado de la llamada “casa del curaca”, se dirigen hacia La Cañada y Los Colorados en la Sierra de Zapata. En estos parajes, situados a media jornada de marcha hacia el poniente de El Shincal, hemos descubierto importantes vestigios de terrazas agrícolas asociadas con artefactos de los estilos Belén e Inka.

El camino principal se interna en la Sierra de Zapata con dirección SO y sube a los Tambillos de Zapata II (1478 m). Desde este punto toma la dirección O y comienza a descender al Valle de Abaucán llegando a Watungasta (1440). Siguiendo hacia el O desde Watungasta se interna en la Quebrada de La Troya en busca de la Cordillera de Los Andes y el Valle Chileno de Copiapó.

Desde Watungasta al O un ramal transcordillerano de Capacñam y sus tampus de apoyo ascienden paulatinamente los Andes.
Los segundos están dispuestos regularmente, a distancias equivalentes a jornadas o medias jornadas de marcha. Las primeras descripciones geográficas de estas regiones pertenecen a los viajeros naturalistas del S. XIX M. De Moussy (1860/64), G. Burmeister (1857/60) y L. Brackebusch (1887). Enmascaradas entre el natural encanto de estas descripciones se advierten menciones de la existencia de caminos Inkas cordilleranos.

En orden de sucesión y de levante a poniente son los de Ciénaga Redonda, Los Jumes, Tambería Arias, Lajita, Colorados Grandes, Laguna Brava, Barrancas Blancas y la Ollita II, hasta alcanzar la divisoria de aguas entre Argentina y Chile. La ascensión definitiva a cordillera limítrofe entre Chile y Argentina conduce a los pasos de Comecaballos -llamado también Barrancas Blancas, según Sayago (1874)- y su “desecho” de Pircas Negras , ubicados muy próximos entre sí entre los 4000 y los 4400 metros. Estos “puertos” (así se los llamaba en tiempos coloniales) junto al de Peñas Negras (situado a unos 5 Km. al S de Comecaballos) son las vías alternativas que han usado diaguitas, inkas y españoles para pasar los Andes y las que se continúan utilizando hoy día por el tráfico de tropas. La elección alternativa de estos pasos se planea según las conveniencias climáticas y la nieve acumulada en el momento del cruce de los Andes.

El paso Comecaballos es un amplio corredor ventoso, casi una pampa levantada en los 4330 mts, que se encuentra ubicado en la confluencia del meridiano 69° 20’ y el paralelo 28°. Recientes investigaciones personales (R. Raffino; et. al. 1994) nos han permitido probar que estos pasos fueron los utilizados en 1536 por el ejército de Diego de Almagro en la primera expedición española al NO argentino y Chile. En ambos lados de la cordillera en algunas partes aún son visibles en forma intermitente vestigios de caminos Inkas y perfectamente reconocibles las ruinas de los tambos de apoyo.

La Puna catamarqueña fue asimismo escenario propicio para la construcción de otro ramal del Capacñam que comunica los tambos Abra de las Minas (Provincia de Salta) con mina Incahuasi. De allí el camino continúa hacia al SO en dirección al oasis de Antofagasta de La Sierra donde se hallan importantes instalaciones con componentes Inka, como Coyparcito y La Alumbrera (R. Raffino y E. Cigliano; 1973; D. Olivera; 1991). Allí se bifurca, dirigiéndose uno hacia el E, en busca de cantera Inka, Illanco y Tambería Laguna Diamante. Otro hacia el S. donde ingresa al Valle de Hualfín a través del Portezuelo de Pasto ventura, luego de pasar por el Peñón y Laguna Colorada.

Existe una posibilidad de camino Inka -aún no reconocido en el terreno- desde el Portezuelo de Pasto Ventura hacia el S en dirección al Valle de Abaucán. Este ramal conectaría la Puna meridional catamarqueña con los establecimientos Inkas de Ranchillos y Mishma. Otra potencial alternativa de caminos transversales se vislumbra entre los valles Abaucán y Hualfín; así como entre el primero de los mencionados y el de Chaschuil, componiendo un ramal en dirección hacia el paso de Las Cuevas en la Cordillera.

Pero volvamos al Capacñam principal, cuyo derrotero ya reconocido en el terreno, dejamos a la altura de Watungasta. Este continúa hacia el S, penetra en territorio del O riojano por Costa de Reyes donde son visibles ruinas muy deterioradas de un tampu; atraviesa la Sierra de Copacabana para arribar a la Tambería de Los Cazaderos (F. de Aparicio; 1937). Luego transcurre por el Valle de Famatina donde hallamos arquitectura Inka en la Tambería del Inka, Pampa Real y Negro Overo. Trasciende al Valle de Vinchina por Rincón del Toro y Guandacol para penetrar en actual territorio sanjuanino en busca de su destino final en suelo argentino: el Valle de Uspallata en Mendoza.

Dentro de los últimos trabajos de campo realizados en Catamarca fueron reconocidas tres instalaciones Inka en el sector argentino próximo al Paso San Francisco. Dos de ellas, Incahuasi E y Vega de San Francisco, son tambos situados por encima de los 4000 m de altura. El tercero es un santuario Inka en la cumbre del cerro Incahuasi, a 6620 m, descubierto no hace mucho por andinistas argentinos.

Los tampus Incahuasi Este (68° 07’ long. W; 26° 55’ Lat. S) y Vega San Francisco (68° 09’ long. O; 26° 58’ Lat. S) se sitúan en la ribera de pequeñas lagunas. Poseen estructuras de tipo Kancha o RPC, construidos con paredes dobles de piedras irregulares rellenas con ripio. Hay recintos mayores rectangulares centrales y pequeñas habitaciones cuadrangulares y perimetrales.

Incahuasi E, ubicado a 4050 m.s.n.m. es un tampu de altura levantado con la clásica arquitectura Inka en la vera de una laguna. Está compuesto por 20 recintos menores (hasta 25 m cuadrados), 4 de mayores dimensiones. El sitio está dividido en dos conjuntos de edificios. El del naciente, integrado por 14 recintos posiblemente usados como habitación-albergue. Junto a ellos aparecen dos grandes corrales con vanos de acceso en sus lados australes. Este conjunto ocupa un área de 640 m cuadrados. El cuerpo del oriente está integrado por dos edificios simétricos de 65 m cuadrados que circulan 6 recintos menores y un patio de acceso.
 

Los dos sitios restantes son Vega de San Francisco, un tambo de menores dimensiones, muy perturbado por reocupaciones históricas, y el santuario de altura emplazado en el Nevado Incahuasi (6620 m 27° 02’ Lat. S., 68° 18’ long. O.). sobre éste último se registra arquitectura de probable filiación Inka en la cima y en una de sus laderas; madera de cardón y una clásica figurina Inka de oro hallada en el interior de un rectángulo de piedras excavado en proximidades de la cima.

De acuerdo a las posiciones geográficas de estas instalaciones se infiere la existencia de un ramal de Capacñam transcordille- rano. Un camino transversal que conectaba el NO de Catamarca con Copiapó a través del Paso San Francisco, Laguna Verde, el Salar de Maricunga y la Quebrada de Paipote. Al N de Copiapó este ramal transversal se empalmaría con el “camino de la costa” y, también en dirección N pero del lado argentino, se continuaría con el camino de Coyparcito, La Alumbrera, Abra de las Minas e Incahuasi.

Es posible que los Inkas hayan usado este camino en algunas épocas muy limitadas del año. Cruzando la Sierra de Buenaventura en dirección NE a cuatro o cinco jornadas de marcha se hallan Coyparcito y La Alumbrera en el oasis de Antofagasta de La Sierra. Continuando en dirección NNE el tambo Abra de Las Minas significaría la continuidad de la ruta Inka en pos del Valle Calchaquí.
Aparentemente estos sitios estuvieron conectados con el paso San Francisco a través de un camino Inka, apoyado por tambos, que cruzaba la Puna meridional de Catamarca. Esta ruta ha sido parcialmente reconocida.

Con rumbo SE y a tres jornadas de marcha del Paso de San Francisco, las instalaciones Mishma y Ranchillos ubicadas en los alrededores de Fiambalá, sugieren otra potencial conexión por Capacñam entre esa localidad del N del valle homónimo y el paso aludido.

Sin embargo no hemos hallado en los sitios vecinos al Paso de San Francisco vestigios arquitectónicos de Capacñam ni de tamberías de gran porte como para sustentar la hipótesis de un tráfico continuo y a gran escala. Tampoco aparecen evidencias españolas. Creemos que en tiempos de los Yupanqui y en los posteriores de la colonia esas condiciones difícilmente permitieron el tránsito de grandes caravanas de llamas, mulares, caballos y mucho menos el ejército. Estos datos arqueológicos sumados a la gran altura del Paso San Francisco (4730 m), las escasas pasturas, la falta de agua potable por espacio de 80 Km. -lo cual significa 3 jornadas de marcha a paso de caballo o llama dadas las condiciones físicas imperantes- y un clima gélido y muy ventoso, hacen poco probable que ésta haya sido una región masivamente usada por los Inkas para su tráfico transcordillerano.

Como hemos publicado recientemente, estos datos puntuales cierran definitivamente las hipótesis tradicionalmente sustentadas, en cuanto a que este paso había sido el lugar elegido por el ejército de Almagro para pasar la Cordillera.

 
     
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